Costa Rica Pipa Club

Análisis De Tabacos Para Pipa

 

Fumar puede matar...

Doctor Watson y Ursula Avalos L.

Muchos de ustedes conocerán una famosa frase que viene impresa en casi todos los paquetes de tabaco, ya sean cigarros, puros, o de cualquier otra índole. En ella, se nos advierte de esta manera:


"Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud"


Pues bien, en esa frase existen una serie de errores. Los dos primeros se encuentran en "Autoridades Sanitarias", que ambas deberían escribirse en minúscula. El tercero de ellos es una locución que aún discuten los gramáticos y los intelectuales de nuestro país. En nuestro idioma, el español, existe tanto "advertir" como "advertir de", teniendo ellas significado distinto. "Advertir algo" es darse cuenta de ese algo, mientras que "advertir de algo" significa enviar una advertencia ante un peligro o situación. Por tanto, debió escribirse "advierten de que". Otro error lo encontramos en "seriamente", y radica en que esta palabra deriva del inglés "seriously", que quiere decir gravemente. En el español, los problemas no son serios o alegres, son graves o leves. El penúltimo error, yace en el verbo "perjudicar", que requiere, en este caso la preposición "a" para introducir al suplemento "la salud". El último error de todos no es un error gramatical, y quizás algunos no lo tomen como un error, pero que yo sepa el tabaco no perjudica a la salud, lo que provoca este efecto es la acción de fumárselo.


Resumiendo, la correcta construcción de la advertencia que se nos hace debería haber sido:


"Las autoridades sanitarias advierten de que fumar tabaco perjudica gravemente a la salud", o para los menos cursi: "Las autoridades sanitarias advierten de que el tabaco perjudica gravemente a la salud"

Pipa Fumador Manuel Drezner

Manuel Drezner, quizá el más antiguo y consultado columnista, publica 'El sexo de los ángeles'




Se trata de una selección de cerca de 400 preguntas que él les ha respondido a los lectores de El Espectador.


Su oficina está llena de libros. Su escritorio está repleto de papeles. En ese ambiente, Manuel Drezner pasa! buena parte del día! dirigiendo su prestigiosa industria disquera, más una nueva producción de audiolibros.

Y allí, donde funciona el moderno estudio de grabación, acondicionado con los últimos adelantos, él responde las preguntas que desde hace más de 50 años le hacen los lectores del colega El Espectador. Pañito de lágrimas de los estudiosos que buscan datos muy particulares; de los estudiantes que no pueden hacer las tareas; o de los curiosos que hacen preguntas! insólitas como: ¿es posible acabar con el miedo?, ¿en qué consiste el problema de los cuatro colores?, ¿cuál fue el menú de la Última Cena?, ¿los! gatos tienen ombligo?, ¿los ángeles tienen sexo?, Drezner se las arregla para responderles todas las consultas. Y para dejar contentos a los preguntadores, les pone arandelas y humor! a las respuestas.

¿El humor es clave?

Para que una columna dedicada a mostrar la sabiduría del que escribe no sea jartísima o antipática, debe tener enormes cantidades de humor. Y uno debe responder no en plan de! superioridad, como un maestro dictando cátedra, sino más bien como un! amigo.

Estudioso de tiempo completo, dato que no encuentra en la colección de enciclopedias que acumula en su biblioteca, lo rebusca por cielo y tierra. Y con la colaboración de una red de amigos consigue los datos que le hacen falta. En poesía, por ejemplo, su consultora de cabecera era María Mercedes Carranza. Sin ser presumido, ni petulante, Drezner "se tienta y se halla", como diría un querido amigo manizalita que en paz descanse. Sabe que sabe. Y es elemental la respuesta, "si la pregunta es pedrerita". Pero despliega sus conocimientos cuando algún corresponsal lo contradice o trata de! corcharlo.

Presionado por sus amigos y para conmemorar medio siglo de estar escribiendo la columna 'Preguntas y Respuestas', Manuel Drezner seleccionó unas 400 preguntas y publicó un libro El sexo de los ángeles.

Escogió ese título pues dice que el sexo de los ángeles es una de esas inmensas e inútiles discusiones teológicas que se han repetido a través de los siglos, sin que se haya llegado a conclusión definitiva: "Si los ángeles tuvieron sexo implicaría relaciones sexuales que hacen temblar a los seudomoralistas, que no pueden imaginar a un ser celestial en esos menesteres. De todas formas, lo que se diga en pro o en contra no tiene fundamento alguno". Hojeando un ejemplar del libro, que se agotó en pocos días, sorprende la variedad de! los temas. En textos breves concentra gran cantidad de información.

Pero, ¡oh sorpresa!, Drezner a veces se equivoca. Por ejemplo: respondiendo quién era Paracelso, su equivocación es de antología. Tras anotar que Paracelso fue fascinante figura de la historia, mezcla de charlatán y de erudito; quien sostenía que no había enfermedades incurables, sino médicos ignorantes; y sin haber estudiado medicina -era un tegua- logró ser cirujano, Drezner agrega: "Paracelso llegó más allá que Celso, célebre médico griego del siglo primero". Luego corrige: "En una sola frase metí la pata varias veces: "Celso no fue médico, tampoco fue griego y nació antes de Cristo". Lo admirable de Drezner es que no ocultó su error. Lo revive en el libro que está en circulación.

Con Jean Claude Bessudo -importante empresario que deslumbró en el reality de TV El Aprendiz', como jefe máximo- Drezner sostuvo una aguda y entretenida controversia sobre intimidades de la monarquía francesa. Lo que pasa es que Bessudo es! muy! culto y domina la historia de Francia. Y debe ser monárquico porque siempre sale a defender la monarquía; "siempre encuentra errores y siempre me corrige", comenta! Drezner. Y Bessudo protesta: "Si bien no pienso tener la exclusividad sobre el tema, me parece oportuno que me consulte lo referente a las amantes de los reyes de Francia, antes de publicarlo, con el fin de evitarme el trabajo de permanentes rectificaciones". Y su reclamo obedece a que Drezner dijo que la primera amante del rey Luis XIV había sido Mademoiselle de La Valliere. "La primera lección de amor la recibió el rey de Mme. De Beauvais, apodada 'la tuerta", afirmó Bessudo. Drezner replicó: "Una cosa es dar lecciones de amor y otra muy distinta es ser una amante. La primera amante de Luis XIV fue Mlle. de La Valliere". "Así me saqué el clavo", me comenta Drezner.

En otra ocasión Bessudo vuelve a rectificarlo: "Me está inspirando el deseo de que retorne la censura de prensa. Es inaudito que describa los amores de Luis XIV con Mme. de Maintenon, como si esta fuera una llama ardiente de erotismo y de sexualidad. Para su información, ella era la mata de la austeridad, de la devoción y del más profundo misticismo". Drezner, humildemente, acepta su error: "Me doy por corregido sobre Mme. De Maintenon: no era tan madame. Y en acto de contrición me prometo consultar al experto si es que estos temas se vuelven a tocar".

Manuel Drezner, el más antiguo y consultado columnista, tiene una pasión: la música. Conoce el tema, le fascina y sus negocios giran en torno a la música. "Desde niño me fascinó la música. A los 7 años ya iba a conciertos. Estudié en el Conservatorio de Bogotá, en Estados Unidos y en Viena. Pasé muy bien mis cursos de armonía, de contrapunto, de instrumentación.

¿Quiso ser músico?

Empecé a estudiar violonchelo. Pero para tocar bien un instrumento uno tiene que practicar mucho y yo no me sentí capaz de estar todo el día dándole y dándole al chelo. Y he visto que hay músicos que por ser muy buenos para tocar un instrumento, se concentran tanto en hacerlo bien, que se olvidan de la música. Yo me fui más bien por la teoría. Pero después de muchos años llegué a una conclusión que compartía Otto de Greiff: la mejor forma de saber música es oír mucha música.

¿Qué enseña?

He dictado clases de acústica a varias generaciones de arquitectos e ingenieros. Y he dado clases de teoría y de apreciación musical en muchas universidades de Bogotá: la Nacional, los Andes, la de América, la Pedagógica. De hecho, tengo un libro que se llama Música, lenguaje del mundo, para enseñarle a la gente cómo debe oír música; cómo debe enfocarla y los fundamentos de ciertas teorías! musicales. Fue un libro que publicó la Philips hace años. Se difundió mucho.

¿Qué música prefiere?

A finales del siglo antepasado había en Viena un famoso crítico que cuando le preguntaban!cuál era su música preferida, respondía: "La que estoy oyendo en este momento". Es claro que uno tiene tendencia a escoger discos de Bach, de Mozart, de Malher, sin que quiera decir que sean los preferidos. Pero son los que uno oye con más frecuencia. Pero uno debe oír toda clase de música, de todas las épocas. Creo que la gente que se niega a oír una música, a oír una ópera, porque dice que no le gusta, no sabe del placer que se pierde.

A propósito de ópera, ¿por qué fue su polémica con Gloria Zea?

No fue propiamente una polémica con Gloria Zea, porque ella ha hecho una labor muy interesante en Colombia en favor de la cultura. Pero dentro de la labor que hace, es claro que uno puede no estar de acuerdo con los caminos que usa. Yo considero que la ópera debe ser para el fomento del artista colombiano. Porque en la ópera se están gastando cientos de millones de pesos que sumados a lo largo de los años, son mucha plata. Y pienso que muchas veces no se han dedicado a crear al artista, sino a hacer un espectáculo. Y en esta etapa de la cultura en Colombia, la ópera no debe ser para mostrar bonitos espectáculos sino, fundamentalmente, para fomentar la creación de artistas colombianos. Esa es la divergencia que hemos tenido. Lo que no quiere decir que! yo no reconozca que la labor de Gloria Zea ha sido muy interesante.

Cómo ingeniero acústico, ¿qué ha hecho?

Además de enseñar, yo diseñé la concha acústica del auditorio León de Greiff, en la Universidad Nacional. Participé en la hechura del auditorio de la Luis Ángel Arango. Ayudé con algunas mediciones en el Teatro Colsubsidio. Ahora estoy participando en la remodelación del Teatro Colón, con el! propósito de mejorar su! acústica. Hoy hay programas de computador para hacer en un par de horas lo que antes requería meses de cálculos.

¿Cómo ingresa al periodismo?

Recién graduado de bachiller, Guillermo Cano nos invitó, a Agustín Nieto Cano y a mí, a colaborar en el periódico. Como él sabía de mi tremenda afición por la música, me pidió que! escribiera sobre música. Y yo, un muchachito de 21 años, me enfrenté a la música; a hacer crítica musical. Desde el principio recibí cantidad de palo. Porque si uno es honrado inevitablemente dice lo que no le gusta. Y los artistas tienen el problema de creer que son perfectos. Y porque la perfección no se puede discutir, si uno encuentra, no digamos un defecto, sino algo con lo que uno no está de acuerdo, los artistas se ponen furiosos. Me dieron mucho palo. Pero eso les pasa a todos los críticos. El que echa palo debe esperar palo.

¿Y se corrió?

No. Guillermo Cano me pidió que, además de la columna de música, me ocupara de toda la parte cultural del periódico. No me metí con la pintura porque había gente que sabía mucho más que yo, y no iba a enredarme contestando lo que no sabía. Pero escribí sobre teatro. Y hacía reportajes. Estaba en esas cuando Gonzalo González GOG, quien había iniciado la sección 'Preguntas y Respuestas', no solo para responder preguntas sino para crear una mística alrededor de ciertas cosas, como la difusión del esperanto, o la colonización de tierras vírgenes, se retiró. GOG era un periodista admirable. Hacía lo que decía. Y como hablaba de colonización se fue a colonizar el Caquetá. Yo continué con la sección. Era diaria y nunca dejó de salir. Recibía cerca de mil doscientas cartas al mes. Cuando el periódico pasó de diario a dominical y cayeron muchas cabezas, creí que yo también caería. Afortunadamente me salvé. Conservaron mi columna y aquí estoy. Recibo unas cien cartas al mes. Lo interesante ahora es que no hay que escribir cartas. Vía Internet, el contacto es directo. Y existe la posibilidad de intercambiar opiniones.

¿Alcanzó a trabajar con don Gabriel Cano?

Claro que sí. Y tengo un recuerdo muy conmovedor. Una mañana estaba yo en el corredor fumando mi pipa, cuando pasó don Gabriel. -Cómo lo envidio -me dijo-. A mí me encantaba mi pipa, pero me la prohibieron. Tenga, se la regalo-. Y sacó su pipa del bolsillo y me la dio. La conservo como un bello recuerdo. Y a don Gabriel lo recuerdo siempre. Era un crítico muy estricto. Usualmente tenía razón. Él me corregía: -¿Por qué dice las cosas dos veces?, ¿por qué no va directamente al grano?-. Don Gabriel, Guillermo Cano y José Salgar me enseñaron las bases del periodismo y me guiaron.

¿Vive muy ocupado?

Con mi familia tenemos una compañía para hacer discos. Y hacemos lo que otros no hacen. Ahora nos metimos a difundir el libro hablado, el audiolibro, que curiosamente no existía en español. Somos pioneros en América Latina. Y tenemos la ventaja de que en Colombia hay muy buenos actores, como Fabio Camero, Laura García, que leen muy bien, sin acento que identifique algún lugar determinado. La María, leída por Fabio Camero, es una maravilla.

¿Les va bien?

Estamos corriendo la suerte de los pioneros: arriesgarse a que al principio todo sea muy lento. Y hemos tenido poca ayuda. Pensamos que libros hechos en Colombia deben ser de autores colombianos. Hemos incluido algunos clásicos, como Jorge Isaacs, pero herederos de autores más modernos no nos han dado los derechos. No les ha gustado que al libro, que no puede ir completo, se le hagan ajustes. Como pensamos que en la! colección de audiolibros deben! figurar obras de García Márquez, hemos hablado con Carmen Ballcels, su representante. Pero no hemos logrado nada. En cambio, hacemos muchos libros para niños. Son nuestros clientes del futuro.

¿El trabajo lo distrae?

Sí y no. A esta edad es bueno descansar. Poco a poco los herederos nos van reemplazando.

Por Lucy Nieto de Samper

 

 

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