Durante cientos de años, los indios cultivaron la Nicotina Tabacum por toda Sudamérica para utilizarla en sus rituales por el aroma de sus hojas.
Pero no fue hasta hace unos 2000 o 3000 años antes de nuestra era, cuando indios Aráucos decidieron explorar nuevas tierras, llevando consigo las preciadas semillas a lo largo de las Antillas. Estos ascendientes de los Taínos, al llegar a la isla de Cuba, llevaron sus costumbres, cultivando la planta, para dejarnos hasta hoy las hojas de tabaco más distinguidas del Mundo.
El tabaco no sólo era aspirado en humo, sino también masticado, inspirado por la nariz y utilizado como medicina en rituales religiosos y mágicos.
El tabaco era utilizado por indígenas de diferentes tribus, como los indios de Isla Española (hoy República Dominicana y Haití), los caribes de Martinica, los indios oyampys del Brasil y pueblos aztecas, mayas, guaraníes, taínos y antillanos.
Origen de la Nicotina Tabacum
Hace más de 500 años un Genovés llamado Cristóbal Colón propone una nueva ruta para llegar al Asia.
El viernes 12 de octubre de 1492, los marineros divisan tierra y sueltan las anclas para arribar a la Isla Guanahani o San Salvador como lo nombró Colón.
Ese día, El Gran Almirante recibió de manos de los indios de esta isla, un mazo de hojas de tabaco secas como gesto de paz y bienvenida.
A partir del descubrimiento de América
Durante el reinado de Felipe II el consumo de tabaco en España fue restringido.
Mientras, en el nuevo mundo el tabaco continúa sembrándose y consumiéndose; y más aún, exportándose a Europa, donde cada vez ganaba más adeptos. Así pues, en 1614 el rey Felipe III, se vio obligado a levantar la ineficaz prohibición dictada por su antecesor.
En 1624 el Papa Urbano VIII dictó una sentencia donde quedaba prohibido a persona alguna, el consumo del tabaco en cualquiera de sus formas.
Por suerte, el asunto no tuvo mayor trascendencia. La siembra del tabaco en Cuba fue tan común, que el 15 de octubre de 1659, el gobernador de La Habana dispuso la entrega de tierras a todo aquel interesado en el cultivo del tabaco.
El 11 de abril de 1717, el Rey Felipe V, dispone por Decreto Real, que todo tabaco cultivado en la isla de Cuba debía enviarse a la Real Factoría de Sevilla para su manufactura y comercialización.
No obstante, ya a mediados del siglo XVII, es cuando el vínculo de las Islas Canarias con el tabaco se estrecha, emigrando un gran número de canarios a Cuba, donde participarán activamente en el cultivo y producción.
En el siglo XVIII se aumenta notablemente la producción tanto de tabaco polvo, como de los cigarros, alcanzando la producción de las fábricas de Sevilla y Cádiz en 1730 unas cifras próximas a los catorce millones anuales de cigarros grandes y más de cien mil cigarros chicos.
Los primeros cigarros habanos llegan desde la Real Compañía de la Habana en 1747, incrementándose el consumo en las décadas siguientes, disminuyendo el de tabaco en polvo y provocando el auge del cigarro, en crecimiento constante hasta nuestros días. Fue a comienzos del siglo XIX cuando la monarquía española autorizó su plantación en Canarias, y ya en 1859 empezamos a tener noticias fidedignas de las primeras fábricas abiertas en Tenerife. |